Que excusé todos tus actos inexcusables.
Que aguardé a que pusieras tus asuntos en orden.
Que soporté muchas pequeñas cosas que fueron almacenándose.
Que tuve una paciencia infinita.
Que siempre creí tus palabras, aunque los hechos no se asemejaran a lo que contabas.
Que cambiaste conmigo, sin yo saber por qué.
Que para mi cualquier excusa era buena para verte; para ti, no.
Que vi cosas que preferiría no haber visto, porque dolieron.
Que estuvimos con el tira y afloja durante mucho.
Que tuviste tiempo de sobra para elegir lo que querías.
Que yo nunca te dije 'o esto o lo otro, y si no, adiós'.
Que sufrí.
Que lloré.

Que no puedes venir diciéndome que yo nunca sentí nada, porque a mi parecer yo llegué a sentir más que tú... y que tú, con tus inseguridades, miedos, tu mala costumbre de dejarle todo al tiempo, tu cobardía y poca predisposición a ''coger el toro por los cuernos''... me dejaste ahí, en standbe... sin saber qué hacer, qué pensar, qué creer...
Que es una pena... que empezaras a verme... cuando yo ya había empezado a irme.
Y que realmente no tiene nada que ver con vivir o no la vida... sino con que la paciencia de una persona tiene un límite, y una se cansó de esperar lo que tú, en un principio, ni esperabas que pasase...

Que eres libre de cerrar la puerta e irte... pero aparte de que me entristecería mucho, te recuerdo que, a pesar de haberlo pasado mal, yo nunca la cerré para ti, y que estuve ahí siempre, incondicionalmente, durante muchos años.
:)
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