Durante un momento muy largo, un pánico repentino, como una premonición o una advertencia, me impidió hablar. Jared observó el rápido cambio de mi rostro con ojos preocupados.
-No lo sabes.-La desesperación, que había cedido cuando nos habíamos encontrado, me flageló de nuevo con la fuerza de un latigazo.- Nunca sabrás cuánto tiempo nos queda en realidad. No sabes si lo vamos a contar en meses, en días o en horas.
Se echó a reír con su risa cálida, y apoyó sus labios en aquel lugar tenso donde mis cejas se tocaban.
-No te preocupes, Mel. Los milagros no funcionan así. Nunca te perderé. Nunca dejaré que te separen de mí.
The host (la huésped), Stephenie Meyer
No hay comentarios:
Publicar un comentario